El jardín de coral de Tautau

 

Me impulsa suavemente la corriente.

Floto a la deriva en el arrecife noroeste de Tahaa. Floto en lo que por estos lados llaman hoa, una corriente de agua de mar que pasa por encima del arrecife y fluye entre dos islotes hacia la laguna interior.

Es agua transparente. Los corales parecen tan cercanos que asusta rasmillarse. Coral sano, coral beige, coral marfil, ocre y violeta también. Algunos parecen coliflores y hojas de lechuga, otros, cerebros sumergidos, candelabros, y unos blandos y flexibles, bosques de dedos verrugosos. En los que semejan cornamentas encuentran refugio unos peces negros, estrechos como monedas.

Avanzo por un mundo en que oigo solo mi respiración. A mi derecha —no lo veo porque mi cara permanece bajo el agua— se prolonga el islote Tautau, en cuya ribera interior alguien acertó a construir el hotel Le Tahaa. A mi izquierda —tampoco lo veo— el islote se llama Tutae y por ahí acceden al jardín de coral quienes no se hospedan en Le Tahaa.


Me deslizo sobre un macizo que tiene almejas incrustadas; fulguran entre sus conchas entreabiertas labios azul neón y turquesa. Contrastan con el cuerpo anaranjado y los tentáculos rubios de una colonia de anémonas que defienden como territorio propio unos peces negriazules. Entre los tentáculos de otras anémonas se acurrucan los más habituales peces payaso. El pez payaso de Polinesia no es naranja y blanco, es dorado y cafesoso, con dos franjas verticales celeste brillante.

Predominan a mi alrededor los peces rayados de blanco y negro. Unos deambulan en solitario, otros en grupo, los menos en cardumen denso. Los hay inquietos, pendencieros, estos a menudo de colores fuertes; son peces territoriales reacios a perder su parcela de coral. La cantidad y variedad de peces es enorme, de nombres tan llamativos como sus formas y colores: pez trompeta, pez Picasso, cirujano convicto, lábrido nariz de pájaro, este con una trompita y muy fácil de identificar sexualmente porque el macho es azul verdoso y la hembra, pardo grisácea, tiene trompita rojiza.


Hasta de la vecina isla de Raiatea vienen a este sitio a nadar con esnórquel. Lo hace singular que el nado sea a la deriva en aguas de tan baja profundidad y con tanto coral. Porque es cierto que en partes uno no toca fondo, pero en otras el agua no llega más arriba del pecho; y como entre los corales hay zonas arenosas, ponerse de pie no cuesta esfuerzo.

Fotos:
Nado con esnórquel, jardín de coral, Tahaa © G. Le Bacon / Tahiti Tourisme
Pez payaso y anémonas © G. Lecoeur / Tahiti Tourisme
Peces mariposa © C. McLennan / Tahiti Tourisme

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