El jardín de coral de Tautau
Me impulsa suavemente la corriente. Floto a la deriva en el arrecife noroeste de Tahaa. Floto en lo que por estos lados llaman hoa , una corriente de agua de mar que pasa por encima del arrecife y fluye entre dos islotes hacia la laguna interior. Es agua transparente. Los corales parecen tan cercanos que asusta rasmillarse. Coral sano, coral beige, coral marfil, ocre y violeta también. Algunos parecen coliflores y hojas de lechuga, otros, cerebros sumergidos, candelabros, y unos blandos y flexibles, bosques de dedos verrugosos. En los que semejan cornamentas encuentran refugio unos peces negros, estrechos como monedas. Avanzo por un mundo en que oigo solo mi respiración. A mi derecha —no lo veo porque mi cara permanece bajo el agua— se prolonga el islote Tautau, en cuya ribera interior alguien acertó a construir el hotel Le Tahaa. A mi izquierda —tampoco lo veo— el islote se llama Tutae y por ahí acceden al jardín de coral quienes no se hospedan en Le Tahaa. Me deslizo sobre un m...